Una Carta de Dios para ti


Hijo mío…Hija mía….si tan solo pudieras comprender por qué te amo tanto…

Cuando fuiste creado, yo no tenía necesidad de sirvientes, pues miles de ángeles me servían. No tenía necesidad de soldados, pues con tan solo decir La Palabra, montes eran derribados.

No tenía necesidad de adoradores, pues delante de mi trono continuamente cuatro seres vivientes gritan: Santo, Santo, Santo y junto a huestes Celestiales me adoran.

Cuando fuiste creado, no te creé como al resto de mi creación, no fuiste uno más, hubo algo especial en ti. Si supieras con cuanta alegría te forme. Ay pequeño mío, mientras te formaba aquel día, mis lágrimas te bañaban, mi rostro te iluminaba y mi unción te perfumaba. ¡Con razón fuiste el más hermoso de toda mi creación!

¿Por qué? Te preguntas. Porque cuando fuiste creado, todo el universo puso los ojos en ti: los ángeles, los querubines, las aves del cielo, las bestias del campo, los seres marinos, los montes y las estrellas. ¡Tanta admiración! ¡Tanta pasión!

Todo esto porque por primera vez en la existencia del universo, una creación mía llevaba por sello ¡mi Imagen y Semejanza!

Si tan solo pudieras comprender lo que ese momento significó para mi, eres la creación que más he amado. ¿Sabes qué significa eso?

Que ni aún los ángeles, ni serafines, ni el universo completo ha podido sentir mi amor como tú lo has sentido. Nunca nadie te ha amado como Yo. Nunca nadie te amara como Yo.

Por ti dejé mi Gloria, pero nunca te dejé de amar. Tomé forma de hombre, pero nunca te dejé de amar. Abrí mis brazos en un madero, pero nunca te dejé de amar.

Por ti derramé mi sangre, soporté oprobios, me humillé hasta lo sumo, pero nunca te dejé de amar. Y si tan solo pudieras entender ¿por qué?

¿Por qué aún cuando tu me desprecias, te sigo buscando? ¿Por que aún cuando te levantas contra mi, te sigo cuidando y defendiendo?

¿Por qué aún cuando Soy solo tu solución al problema presente y luego te olvidas de mí, aún así te sigo escuchando? ¿Sabes por qué?

Porque a pesar de todo te sigo amando. Te sigo amando como el primer día cuando te llamé por nombre, aún desde el vientre de tu madre. Aún, cuando todavía nadie te conocía.

Te amé primero. Te amo hoy. ¡Te amare siempre!

Pablo Román Caballero

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